Con permiso de su autor, dejo aquí como un texto el hilo que publicó Daniel Barranquero @danibarranquero dedicado a su padre. Es muy bonito y creo que merece la pena que no se pierda en twitter.
https://x.com/danibarranquero/status/2067980567820259793?s=20
Estamos en el viernes 19 de junio de 2026, víspera del ascenso a Primera División. El hilo contiene fotos y videos pero solo dejo el texto. Copio y pego.
Sueño gritar el ascenso con mi padre, celebrar abrazado a él, llegar a 1ª de su mano.
Como cualquier malagueño o almeriense, claro.
Quizá la suya no sea una historia más especial que las otras, pero a mí me gustaría contaros por qué significaría tanto para nosotros...
Mi primer recuerdo con él es el penalti de Jaro, en aquella promoción perdida ante el Espanyol.
Entonces no entendía por qué estaba tan triste.
Al año siguiente, tras otra maldita tanda de penaltis ante el Cádiz, él era el que me tenía que consolar.
Tanto lloré que ese fue el primer día en el que me habló de Viberti, como si fuera un súper héroe de otros tiempos menos duros.
Sin saberlo, había marcado mi pasión por las historias y hasta mi futuro profesional. El proyecto de mi vida, en forma de libro, nació justo ahí.
Hemos vivido de todo en La Rosaleda... y lejos de ella. De la desaparición al resurgir de las cenizas, pasando por San Pedro, Beasaín, Barcelona, Sevilla, Madrid, Granada o Soria.
Iniciamos el sueño de la Champions en Milán, donde dormimos al raso esperando el bus de vuelta. El trayecto en coche a Oporto, menos duro que las escalas de la vuelta de Dortmund, tras acariciar las semis.
Aquel día temí que le diese un infarto tras el 2-2, repitiéndole que esto solo era un deporte.
Cuando el Borussia marcó el 3º, era a mí al que se le había olvidado.
Volvieron las vacas flacas, pero nunca dudó si renovar su abono, aunque su salud iba sacando la bandera blanca.
Hace tres años, durante la mítica Copa ACB de Badalona (donde yo fui a trabajar y él a animar a su Unicaja), la noche justo antes de la final todo cambió...
Fue la 1ª vez que salvó la vida. La 2ª, en las Navidades de 2024, resultó aún más grave: el médico nos llegó a decir que fuésemos haciéndonos idea de lo peor.
Pero él es fuerte y cabezón. Un toro. 6 meses después, bailaba sobre un bastón tras el histórico final en Tarragona.
A veces, cuando digo que 22 de junio fue uno de los días más felices de mi vida me suena raro, como si fuera superficial colocar al deporte en un lugar tan elevado en esa escala.
Pero, para mí, el partido de Tarragona fue mucho más allá del fútbol. Algo similar siento ahora.
Mucho ha llovido desde aquello. Ya no está mi madre, la que se vio en casa aquel partido ante el Nàstic con tal de comentarla con nosotros.
Y hubo sustos, demasiados. Desde diciembre, han sido 12 sus ingresos en Carlos Haya, algo que cambió inevitablemente su vida y la mía.
La de veces que tuve que llevarle la tablet para que viese desde el hospital a su Málaga o su Unicaja.
Hasta le engañé algún día a lo 'Good Bye, Lenin', cuando quedó dormido en la visita del Zaragoza y no vio su gol en el descuento. Se tiró días pensando que habíamos ganado.
En cada ingreso, especialmente en los últimos, le pedía mejorarse, pues venía el momento clave del curso.
¡Cuánto visualizaba un partido como el de mañana a su lado y lejos, muy lejos, de Carlos Haya!
Rambo (XII) ha cumplido su parte, recuperándose a tiempo para el Playoff.
Toda mi vida recordaré el aplauso que le brindó la grada, al verle subir con tantas dificultades, tan agónico, con tal de ver a su Málaga.
Nunca podré agradecer lo suficiente el cariño que recibe y la ayuda que nos prestan los malaguistas para subir o bajar a su asiento.
Haré bien el Málaga jugando con su nombre en la camiseta (con otros 26499), pues él no fallará.
De Viberti a Larrubia, a pie o en silla de ruedas, esto va por mi padre, tu madre o por los abuelos que dejaron legado en forma de sentimiento.
¡Un gol más que ellos, solo uno más!
Daniel es autor del libro biografía de Viberti.
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