Con el permiso del autor, dejo por aquí para que no se pierda en la inmensidad de twitter este precioso artículo de Juan Díaz Palomo publicado ayer.
AHÍ ESTÁ
Allí estaba él, de pie, en la grada de La Rosaleda, aquella temporada que le metimos seis al Real Madrid con Juanito de visitante. La misma temporada que le hicimos una “manita” al Atlético. Se alegraba de ver a su equipo en lo más alto de la clasificación durante la primera vuelta aquella temporada. Y salió muy enfadado del estadio la última jornada de la temporada siguiente cuando el C.D. Málaga empató con el Betis y bajó a segunda. Incluso, su indignación, le hizo gritar “que se besen” durante el partido. Lloró cuando se enteró de la noticia de Gallardo aquel enero del año 87.
También estaba cuando vino Kubala y, de su mano, Juanito y Esteban, en la temporada del SuperMálaga. También presenció los dos intentos consecutivos de jugar en primera división con unos penalties fatídicos. Y vio la agonía con la que iba muriendo el club sin que nadie hiciera nada por evitarlo hasta que desaparecimos en el verano de 1992. Menos mal que el hermano menor cogió las riendas futbolísticas de la ciudad y con chavales malagueños empezamos a caminar. Y él seguía estando ahí, ahora apoyando a los más jóvenes. Desde tercera. ¡Qué más da! Era el equipo de su ciudad. Y paso a paso, volvimos a crecer. A él, que había visto jugar a Maradona o Cruyff, no le importaba, en absoluto, que el rival fuera el Garrucha porque él iba a ver a su Málaga. En 1999 volvimos al lugar que nunca debimos abandonar. Él sabía que ese lugar podía ser efímero. Estaba acostumbrado a muchos desencuentros, a subidas y bajadas. Y vio ganar un minúsculo trofeo llamado “intertoto” que le iba a permitir viajar con su Málaga por Europa. Y con lágrimas en los ojos lloró con la eliminación en los penaltis ante el Boavista pero su cuerpo se llenaba de orgullo por lo que había hecho su equipo. Y cada temporada veía caras nuevas sobre el césped y, con resignación, contemplaba a jugadores con los que había disfrutado la temporada anterior, vestir la camiseta del equipo contrario. Ya no era tan admirable la calidad de esos jugadores. En junio de 2010 llegó otro presidente. Sí, otro más. El club es un mercado, una compra – venta de productos: jugadores, entrenadores e, incluso, presidentes. Solo hay dos cosas que no cambian en ese mercado: su ubicación y sus clientes. Y él era un cliente habitual. Nunca fallaba. El 13 de mayo de 2012 jugamos el último partido de liga contra el Sporting. La victoria nos dio el pase a la previa de Champions y él, que es muy malaguista pero sabe de dónde viene, era de los que gritaban: ¡es de primera, Sporting es de primera! Y volvió a pasear su camiseta por Europa. Lo vi en San Siro, en Oporto…. ciudades más conocidas que Jerez de los Caballeros o Motril pero visitadas por el mismo motivo: ver a su Málaga. Y lloró con la injusticia de Dortmund. Pasó días muy mal. Sigue recordando esa eliminación.
Y sin poder hacer nada a nivel institucional ni de gestión vio como los responsables del club volvieron a dejar caer al equipo, esta vez al fondo del pozo, a una categoría bautizada como primera RFEF. Pero ahora no estaba acompañado de 5000, ni de 10.000, eran más de 20.000 los que cogieron a ese equipo de lo más hondo y lo volvieron a poner en el fútbol profesional.
Ahora, en abril de 2026, el equipo le ha devuelto una ilusión que siempre quiso tener pero que le costaba horrores conseguirla. Suspira por volver a la categoría que a su club y su ciudad le corresponde.
Yo lo sigo viendo. Siempre está ahí. Sufriendo y disfrutando con su equipo. No le importa ni el Real Madrid ni el Barcelona. Solo tiene ojos para su Málaga. Es un orgullo para mí, para el club, para la ciudad. Nunca nos ha defraudado.
Juan Díaz (uno de los vuestros)
Juan Díaz Palomo es entrenador nacional de fútbol y economista
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